El Fortalecimiento Del Clero Secular

El Fortalecimiento Del Clero Secular

El fortalecimiento del clero secular

Es el que vive “en el siglo”, es decir, dentro de la sociedad de los hombres, y administra los sacramentos. Su organización jerárquica parte del papa -de los patriarcas en la Iglesia Ortodoxa-, continúa con los arzobispos, obispos y sacerdotes. Las órdenes menores del clero secular incluyen los rangos de diácono y exorcista. El cargo de presbítero, cura de almas, cura párroco o simplemente cura, es la base fundamental de contacto directo con los fieles. Existen multitud de beneficios eclesiásticos intermedios (arcipreste, canónigo, magistral…).

El celibato eclesiástico del clero secular, que no existió durante los primeros siglos del cristianismo y que no se aplica en la iglesia ortodoxa ni en algunos ritos orientales de obediencia católica (o a título individual por algunos casos en la iglesia católica de rito occidental), es uno de los temas más controvertidos en la actualidad (movimiento por el celibato opcional), así como la ordenación de las mujeres o de los homosexuales en algunas iglesias reformadas. No hay que confundir el celibato con el voto de castidad del clero regular.

Es el que sigue una regla, y no es secular porque vive fuera del siglo, es decir, fuera de la sociedad de los hombres. En su origen se iban al desierto (en las afueras de las ciudades egipcias del siglo IV y V) tanto individualmente (anacoretas o eremitas, algunos más excéntricos subidos a un árbol o una columna: dendritas o estilitas) como en grupos (cenobitas). Los miembros del clero regular son habitualmente denominados religiosos. Propiamente son clérigos sólo si han recibido las órdenes sagradas, cosa que no se extiende a la mayor parte de sus miembros, a excepción de algunas órdenes (por ejemplo, los canónigos regulares como los premostratenses), y está excluida por principio en las órdenes y congregaciones femeninas (implicaría el sacerdocio femenino). A pesar de ello, se utiliza habitualmente la expresión clero femenino y clero regular femenino, incluso en la bibliografía especializada, y es de uso común en historiografía.[2] El Código de Derecho Canónico establece que la vida consagrada no es ni clerical ni laical.

Con los conflictos que suscitaron los primeros intentos de vida religiosa, llegaron las primeras reglas que definieron cada orden monástica. En occidente fueron sobre todo dos, desde el siglo V: la que San Benito de Nursia dictó a la comunidad italiana de Montecassino o regla benedictina y la regla agustina que San Agustín de Hipona dictó al monasterio africano de Tagaste. A partir de ellos se puede hablar con propiedad de vida monástica y monasterios (del griego monacos, solo), con una vida sujeta a un rígido horario (horas canónicas), hábitos y comidas estipuladas y sobre todo, la alternancia de rezos y trabajos (ora et labora).

Las fundaciones de monasterios fueron decisivas para la expansión de la civilización cristiano-romana en el Norte de Europa en los siglos de la Edad Oscura, y en el caso de Irlanda e Inglaterra, con movimiento de retorno hacia el continente. Sucesivas reformas monásticas fueron actualizando a los benedictinos, columna vertebral del monacato occidental, ligado a Roma: fueron Cluny (orden cluniacense) y Cister (San Bernardo de Claraval, orden cisterciense). Su importancia económica, política, cultural, y de difusión artística (románico y gótico) es difícil de exagerar.

En el Imperio Bizantino adquirieron los monasterios un prestigio social, riqueza e influencia política inmensas. Su relación cambiante con el Emperador y el clero secular estuvo en el origen de las luchas entre iconoclastas e iconódulos. En particular, los monasterios del monte Athos adquirieron una autonomía especial y un prestigio extraordinario, que aún hoy mantienen. El papel del monacato oriental fue decisivo para la evangelización y el desarrollo cultural y político de los pueblos eslavos (incluso del alfabeto cirílico).

Las fundaciones monásticas debían hacerse en desierto, siguiendo el ejemplo de los primeros eremitas, lo que para Europa significaba hacerlo en el campo, no en la ciudad. Si la fundación quería ser rigurosa, se alejaba incluso de cualquier núcleo rural y buscaba un lugar solitario, en medio de un bosque. El ideal de locus amenus para la vida monástica se intentaba reproducir en el claustro (lugar encerrado) donde una fuente y un jardín recordaban el Paraíso.

La clausura o encierro podía ser más o menos rígida, y el contacto con el exterior mayor o menor. Lo que nunca desaparecía era la relación de los monjes con la clase dominante, de la que formaban parte por parentesco y función social. En el feudalismo el estamento privilegiado que es el clero tiene en los monjes su más acabado ejemplo. Los monasterios son señores sobre tierras y vasallos, disponiendo de siervos y derechos señoriales. Al señorío eclesiástico que ejercían los monasterios se denominaba abadengo.

Independientemente de las relaciones de producción, los monjes tenían la obligación del trabajo que les imponía la regla (ora et labora, o sea: reza y trabaja), que era muy comúnmente trabajo físico (aunque la parte más dura la solían hacer los hermanos legos, cuyo origen social era inferior). La consideración del trabajo intelectual era equivalente a la del físico, y laboratorium o lugar de trabajo podía ser perfectamente el scriptorium donde se copiaban a mano los textos disponibles en las bibliotecas monásticas, que por muy reducidas que fueran eran los únicos lugares de transmisión del saber clásico durante la Alta Edad Media. El debate entre el dominico Dom Mabillon y el trapense Rancé sobre el trabajo intelectual y el físico fue muy significativo, ya en el siglo XVII.

Clero. (2008, 21) de agosto. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 05:22, agosto 25, 2008 from http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Clero&oldid=19603688.


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